sábado, 16 de agosto de 2025

La Comunicación Intercultural según los estudios

 

Comunicación y Cultura

El texto "Encuentros y desencuentros de la cultural y la comunicación" de Cristhian Arteaga aborda la compleja y entrelazada relación entre la comunicación y la cultura en la contemporaneidad. El autor parte de la idea de que la actualidad se caracteriza por “intensidades” (flujos de capital convertidos en tecnología que permean campos estéticos, políticos, artísticos y culturales) y “desencuentros” (crisis que nublan las subjetividades y vulneran la comprensión de la realidad).  

Arteaga sostiene que la comunicación, en su dimensión instrumental y racional, y la cultura, como una “idea siamesa e íntima”, no pueden analizarse por separado de manera fructífera. La cultura es vista como un “elemento singular” y angular para entender las dimensiones sociales e individuales de la construcción de sujetos contemporáneos, especialmente la subjetividad en la sociedad posindustrial.  

Discusiones presentes de la comunicación


El autor señala que el debate sobre la comunicación ha evolucionado, superando modelos anacrónicos que la reducían a un proceso lineal y transparente. Gracias a la Escuela de Palo Alto y los aportes etnometodológicos de Erving Goffman, se reconoce que las personas responden a sustratos de identidad y actúan en función de interacciones dinámicas.  

La comunicación ha trascendido su rol meramente mediático para convertirse en una tecnología de control masivo y subjetivo. Se reconfigura no solo como un valor de cambio informacional, sino como una herramienta política para diversificar estrategias de intervención sistémica. Esta dinámica heterodoxa implica una dimensión semántica (lenguaje y sentido del mundo) y pragmática (conminación o seducción a realizar prácticas).  

En la sociedad posindustrial, el intercambio de conocimientos tiene un precio, y la información se convierte en una mercancía y un medio para que el poder se infiltre en los seres humanos. La información y la comunicación son presentadas como "estribos sobre los cuales se consolidan los poderes presentes", incluyendo el poder militar. El autor destaca cómo las tecnologías actuales, desde videojuegos hasta plataformas digitales y cartografías satelitales, están marcadas por un imaginario autoritario y pretoriano, clasificando al planeta por sus materias primas y evidenciando el control geopolítico.  

El siglo XXI ha profundizado las diferencias y la brecha en el acceso tecnológico, llevando a un semiocapitalismo donde los conflictos se actualizan a través de la relación entre el "cognitariado" (trabajadores cognitivos precarios) y la "clase ejecutiva financiera". Las estructuras semánticas como conectividad, interconexión, ubicuidad, desterritorialización, Big data y algoritmos, explican el momento actual en que la comunicación opera. Se advierte que este panorama, lejos de ser democrático, somete a los sujetos bajo el imperio del control a través de sutilezas que escamotean correctivos disciplinarios. La circulación de información y datos está retenida en el universo tecnologizado y digitalizado, llevando a un "cuerpo-interfaz" y a una dependencia de los recursos naturales para la tecnología de punta. La comunicación se vuelve indispensable para los regímenes de poder y control, exponiendo un orden económico-político sincrónico con las "vidas maquínicas".  

Cultura, un concepto inacabado

La cultura es un concepto de gran interés por sus usos, reemplazos explicativos y la aparición de fenómenos ligados a lo cotidiano, popular y estético. Cumple diversas funciones en el sistema actual: enuncia contratos societales, reconoce la disgregación y congregación de conciencias, expone identidades globalizadas y vernáculas, y moviliza violencias. Es un "universo de significaciones, de lenguajes y tensiones al interior de las multitudes".  

El autor, citando a Mattelart y Neveu, enfatiza que el término "cultura" debe asumirse en plural, ya que cada comunidad o colectivo posee rasgos particulares que no son necesariamente compartidos, sino identificados por elementos como etnia, género, clase o edad. La "descodificación" invita a tomar en serio los estatus sociales y culturas de los receptores, lo que implica que el mismo programa no genera el mismo sentido o recuerdo en todos.  

La contribución de los pensadores ingleses de Birmingham fue significativa al poner en el centro el debate sobre el orden cultural, resignificando el papel de la cultura popular, lo profano y lo no oficial. El nexo entre política y cultura es un "elemento revolucionario" que conecta conocimientos teóricos, identidades y comunidades, permitiendo miradas y prácticas comunes u opuestas. La política trasciende lo instrumental y administrativo; las estéticas y formas de mostrarse son también prácticas políticas, incluso si nacen en la marginalidad y subversión y luego son absorbidas por el mercado, como el ejemplo del punk.  

Precisión sobre comunicación y cultura según el texto

El texto de Cristhian Arteaga hace una precisión fundamental sobre la relación entre comunicación y cultura: no son campos separados sino interconectados y, en muchos casos, indisolubles. La comunicación no es solo un proceso mediático, sino una tecnología de control que opera en la construcción de sentidos sobre un contexto histórico y político. La cultura, a su vez, no se limita a las tradiciones antropológicas, sino que desata "bretes irresolubles" que constituyen su riqueza contingente actual.  

La conjunción de comunicación y cultura es vista como un "ente corpóreo" en las nuevas formas de operación del capital, donde el capital mismo se convierte en tecnología que permea todos los campos de existencia. Ambos elementos, comunicación y cultura, son pilares sobre los cuales se consolidan los poderes contemporáneos, especialmente en el semiocapitalismo, donde la información y los signos tecnologizados circulan constantemente y actúan como mecanismos de vigilancia y control. La comunicación, al ser el medio por el cual se clasifican y esquematizan a los sujetos y los recursos naturales, está intrínsecamente ligada a la geopolítica y el control.  

En definitiva, la precisión clave es que la comunicación y la cultura son las dos caras de una misma moneda en la contemporaneidad, inseparables y esenciales para comprender las dinámicas de poder, control y la construcción de subjetividades en la sociedad posindustrial. No se trata de un diálogo entre dos disciplinas autónomas, sino de un "devenir comunicativo-cultural" que refleja cómo el capital y las tecnologías operan para moldear y someter a las multitudes actuales.  

 Comunicación intercultural, comunitaria y decolonial.  

La importancia de la comunicación intercultural se destaca a lo largo del texto como un pilar fundamental para la decolonización. El autor argumenta que la comunicación decolonial, propuesta por Erick Torrico, busca desentrañar y cuestionar cómo la comunicación ha sido influenciada por la historia colonial, imponiendo narrativas y valores que marginan voces y sistemas comunicacionales locales.  




Importancia de la Comunicación Intercultural

La comunicación intercultural es crucial porque:

Aboga por la multiplicidad de voces y subjetividades: Permite reconocer y valorar formas de conocimiento y expresión históricamente marginadas.  

Revitaliza culturas y lenguas locales: Promueve epistemologías propias, lenguas con sus sistemas semióticos y simbólicos, y la valorización de tradiciones e historias subyugadas por la colonización. Esto es parte de un proceso de  

"volver a ser".  

Fortalece medios y plataformas autónomas: Facilita que las comunidades locales cuenten sus propias historias y se expresen auténticamente, lo que es esencial para su "re-existencia".  

Desafía y transforma estructuras de poder: Permite transgredir las dinámicas de dominación en el ámbito de la comunicación, que históricamente han sido utilizadas como herramientas de control cultural.  


Supera la "in-comunicación": Este concepto se refiere a la imposibilidad de una comunicación equilibrada y humanizadora debido a la negación sistemática de la humanidad del "Otro" en el contexto colonial. La comunicación intercultural busca construir sentidos y significados desde una dimensión ontológica relacional, que abarca la conexión con el mundo humano y no-humano como parte de la re-existencia.  

Promueve la "desmediatización": Esto implica entender la comunicación más allá de los medios masivos y reconocer las formas y espacios de comunicación en la vida cotidiana de las comunidades, como mercados, plazas, rituales y mingas (trabajo comunitario), que moldean subjetividades individuales y colectivas. * Permite la emergencia de una "comunicación otra": Una comunicación decolonial que irrumpe con la fuerza de la palabra de los subalternizados, con sus propios sentidos y construcciones, y que es más vivencial y cotidiana, como las formas de comunicación en danzas, rituales o el trabajo comunitario andino y afrodescendiente.  


En resumen, la comunicación intercultural no es solo un intercambio de información entre culturas, sino un

Acto político de resistencia y transformación que busca descolonizar el pensamiento y las prácticas comunicacionales para construir un mundo más justo y equitativo, donde las voces y experiencias marginadas sean visibilizadas y valoradas.  

 

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