Comunicación
y Cultura
El texto "Encuentros y desencuentros de la cultural y la comunicación" de Cristhian Arteaga aborda la compleja y entrelazada relación entre la comunicación y la cultura en la contemporaneidad. El autor parte de la idea de que la actualidad se caracteriza por “intensidades” (flujos de capital convertidos en tecnología que permean campos estéticos, políticos, artísticos y culturales) y “desencuentros” (crisis que nublan las subjetividades y vulneran la comprensión de la realidad).
Arteaga sostiene que la comunicación, en su dimensión instrumental y racional, y la cultura, como una “idea siamesa e íntima”, no pueden analizarse por separado de manera fructífera. La cultura es vista como un “elemento singular” y angular para entender las dimensiones sociales e individuales de la construcción de sujetos contemporáneos, especialmente la subjetividad en la sociedad posindustrial.
Discusiones
presentes de la comunicación
El autor señala que el debate sobre la comunicación ha evolucionado, superando
modelos anacrónicos que la reducían a un proceso lineal y transparente. Gracias
a la Escuela de Palo Alto y los aportes etnometodológicos de Erving Goffman, se
reconoce que las personas responden a sustratos de identidad y actúan en
función de interacciones dinámicas.
La comunicación ha trascendido su rol meramente mediático
para convertirse en una tecnología de control masivo y subjetivo. Se
reconfigura no solo como un valor de cambio informacional, sino como una
herramienta política para diversificar estrategias de intervención sistémica. Esta
dinámica heterodoxa implica una dimensión semántica (lenguaje y sentido del
mundo) y pragmática (conminación o seducción a realizar prácticas).
En la sociedad posindustrial, el intercambio de
conocimientos tiene un precio, y la información se convierte en una mercancía y
un medio para que el poder se infiltre en los seres humanos. La información y
la comunicación son presentadas como "estribos sobre los cuales se
consolidan los poderes presentes", incluyendo el poder militar. El autor
destaca cómo las tecnologías actuales, desde videojuegos hasta plataformas
digitales y cartografías satelitales, están marcadas por un imaginario
autoritario y pretoriano, clasificando al planeta por sus materias primas y
evidenciando el control geopolítico.
El siglo XXI ha profundizado las diferencias y la
brecha en el acceso tecnológico, llevando a un semiocapitalismo donde los
conflictos se actualizan a través de la relación entre el
"cognitariado" (trabajadores cognitivos precarios) y la "clase
ejecutiva financiera". Las estructuras semánticas como conectividad,
interconexión, ubicuidad, desterritorialización, Big data y algoritmos,
explican el momento actual en que la comunicación opera. Se advierte que este
panorama, lejos de ser democrático, somete a los sujetos bajo el imperio del
control a través de sutilezas que escamotean correctivos disciplinarios. La
circulación de información y datos está retenida en el universo tecnologizado y
digitalizado, llevando a un "cuerpo-interfaz" y a una dependencia de
los recursos naturales para la tecnología de punta. La comunicación se vuelve
indispensable para los regímenes de poder y control, exponiendo un orden
económico-político sincrónico con las "vidas maquínicas".
Cultura,
un concepto inacabado
La cultura es un concepto de gran interés por sus
usos, reemplazos explicativos y la aparición de fenómenos ligados a lo
cotidiano, popular y estético. Cumple diversas funciones en el sistema actual:
enuncia contratos societales, reconoce la disgregación y congregación de
conciencias, expone identidades globalizadas y vernáculas, y moviliza
violencias. Es un "universo de significaciones, de lenguajes y tensiones
al interior de las multitudes".
El autor, citando a Mattelart y Neveu, enfatiza que
el término "cultura" debe asumirse en plural, ya que cada comunidad o
colectivo posee rasgos particulares que no son necesariamente compartidos, sino
identificados por elementos como etnia, género, clase o edad. La
"descodificación" invita a tomar en serio los estatus sociales y
culturas de los receptores, lo que implica que el mismo programa no genera el
mismo sentido o recuerdo en todos.
La contribución de los pensadores ingleses de
Birmingham fue significativa al poner en el centro el debate sobre el orden
cultural, resignificando el papel de la cultura popular, lo profano y lo no
oficial. El nexo entre política y cultura es un "elemento
revolucionario" que conecta conocimientos teóricos, identidades y
comunidades, permitiendo miradas y prácticas comunes u opuestas. La política
trasciende lo instrumental y administrativo; las estéticas y formas de
mostrarse son también prácticas políticas, incluso si nacen en la marginalidad
y subversión y luego son absorbidas por el mercado, como el ejemplo del punk.
Precisión
sobre comunicación y cultura según el texto
El texto de Cristhian Arteaga hace una precisión
fundamental sobre la relación entre comunicación y cultura: no son campos
separados sino interconectados y, en muchos casos, indisolubles. La
comunicación no es solo un proceso mediático, sino una tecnología de control
que opera en la construcción de sentidos sobre un contexto histórico y
político. La cultura, a su vez, no se limita a las tradiciones antropológicas,
sino que desata "bretes irresolubles" que constituyen su riqueza
contingente actual.
La conjunción de comunicación y cultura es vista
como un "ente corpóreo" en las nuevas formas de operación del
capital, donde el capital mismo se convierte en tecnología que permea todos los
campos de existencia. Ambos elementos, comunicación y cultura, son pilares
sobre los cuales se consolidan los poderes contemporáneos, especialmente en el semiocapitalismo,
donde la información y los signos tecnologizados circulan constantemente y
actúan como mecanismos de vigilancia y control. La comunicación, al ser el
medio por el cual se clasifican y esquematizan a los sujetos y los recursos
naturales, está intrínsecamente ligada a la geopolítica y el control.
En definitiva, la precisión clave es que la
comunicación y la cultura son las dos caras de una misma moneda en la
contemporaneidad, inseparables y esenciales para comprender las dinámicas de
poder, control y la construcción de subjetividades en la sociedad
posindustrial. No se trata de un diálogo entre dos disciplinas autónomas, sino
de un "devenir comunicativo-cultural" que refleja cómo el capital y
las tecnologías operan para moldear y someter a las multitudes actuales.
La importancia de la comunicación intercultural se destaca a lo largo del texto como un pilar fundamental para la decolonización. El autor argumenta que la comunicación decolonial, propuesta por Erick Torrico, busca desentrañar y cuestionar cómo la comunicación ha sido influenciada por la historia colonial, imponiendo narrativas y valores que marginan voces y sistemas comunicacionales locales.
Importancia
de la Comunicación Intercultural
La
comunicación intercultural es crucial porque:
Aboga
por la multiplicidad de voces y subjetividades: Permite reconocer y valorar formas de
conocimiento y expresión históricamente marginadas.
Revitaliza
culturas y lenguas locales: Promueve
epistemologías propias, lenguas con sus sistemas semióticos y simbólicos, y la
valorización de tradiciones e historias subyugadas por la colonización. Esto es
parte de un proceso de
"volver
a ser".
Fortalece
medios y plataformas autónomas:
Facilita que las comunidades locales cuenten sus propias historias y se
expresen auténticamente, lo que es esencial para su "re-existencia".
Desafía
y transforma estructuras de poder:
Permite transgredir las dinámicas de dominación en el ámbito de la
comunicación, que históricamente han sido utilizadas como herramientas de
control cultural.
Supera
la "in-comunicación":
Este concepto se refiere a la imposibilidad de una comunicación equilibrada y
humanizadora debido a la negación sistemática de la humanidad del
"Otro" en el contexto colonial. La comunicación intercultural busca
construir sentidos y significados desde una dimensión ontológica relacional,
que abarca la conexión con el mundo humano y no-humano como parte de la
re-existencia.
En
resumen, la comunicación intercultural no es solo un intercambio de información
entre culturas, sino un
Acto
político de resistencia y transformación
que busca descolonizar el pensamiento y las prácticas comunicacionales para
construir un mundo más justo y equitativo, donde las voces y experiencias
marginadas sean visibilizadas y valoradas.
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